miércoles, junio 23, 2010

Autoretrato : Lo último que recuerdo.

Retrato un auto sin ruedas ni luces. Un motor esporádico hace que canta canciones en tano, pero se olvida de que la bocina no es corneta en un trio de jazz sino señal de alarma. Dibujo las líneas en la palma de mi mano como si una ciudad de calles ajadas la sortearan, surcaran, rifaran. Escribo en el vidrio empañado lo que quiero escribir, pero no te lo cuento ni se lo cuento a nadie. Como siempre, me doy cuenta. Se da cuenta, que no es yo el que escribe, que no es él quien estoy en el asiento trasero del Falcon enorme. Esta ventana no es esa ventana. Se parece, pero no es. En esa ventana había una mujer, que nunca mas miré igual. En esta ventana está lo que él escribe ahora. Esa ventana era un vidrio, silicato, una roca. Esta un papel, celulosa. Papel o tijera. Piedra. Vidrio. Como un juego infantil, en el que las reglas-del-juego se revierten y no son tan lógicas como irreversibles, el papel devora a la piedra. Pero el vidrio lo corta. Vidrio, papel y demora.
Esta ventana fue cortada por la misma demora que devora al vidrio. Escribe en el vidrio rojo, después del alarido y del bocinazo. Falcon o Peugeot. Me da lo mismo, en ese orden. Me doy cuenta que nunca volví a ser lo mismo al atravesar esa ventana, de vidrios.

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