lunes, agosto 30, 2010

Guantes de sol

Abrigo al frio roto con la esperanza ilusa de que me abrigue a mí aquello que quise ser. Lo abrigo para que una vez mío, poseído, sea parte de mi mano y pueda agarrarme y agarrarlo sin quemarme ni quemarlo. Lo toco y no lo siento. ¿Es que soy yo mismo?

domingo, agosto 29, 2010

Brasas

El niño esperaba que le pongan un alma en la mano. Una de esas que al calor de las brasas airean el rojo oxigenando los carbones que se niegan a apagarse. Como un fuelle para avivar braseros, las manos del pibe agarran un fuelle que en vez de oxigenar brasas, abraza al aire con sonidos que chispean. Son otros aires los que queman cuando suena y se quiebra la brasa que abraza al oido y hace respirar al alma con todo el fuego. Son otros aires los que suenan. Son otros, ellos. Los tangos.

viernes, agosto 27, 2010

Abre un cielo de costado y rezonga. Se creé que mirar de lado es mirar al lado y con los lentes de marcos enormes gira la cabeza y no ve a nadie. Otra vez mas Doña Isabel Gómez, abuela por definición, dice diez veces el nombre de sus nietos hasta que llega al que quiere llegar, y cuando lo ha nombrado se ha olvidado el porqué.

miércoles, agosto 25, 2010

Fuentes y sumideros

Sobre una fuente, perdida en una plaza, aislada en un parque, disuelta en un barrio, embutida en una ciudad, dispuesta en un territorio, delimitado entre otros, por otros accidentes, se sentaba un nene, que metía su cabeza hasta verse reflejado en el agua de la fuente, esperando el accidente que lo separa de este mundo, al fin caerse a la fuente, alejarse de la plaza, desertar del parque, resignarse al barrio, sacudirse en la ciudad y darse cuenta de que no hay territorio que no esté limitado por otro. El agua de la fuente no es, como podría creerse un espejo donde el niño se mira con los ojos risueños. Es el límite que lo separa de su mundo. Lo prohibido es entonces desconocer que mas allá de un límite, tarde o temprano, aparecerá otro. Vale la pena chapotear un rato porque si un río es un accidente, quiero ser el límite que se rompe a si mismo y se vuelve territorio, para después hacerse añicos la cabeza para despues volver a las margenes de su mar, hacerse lágrimas en el regazo de su madre y llorar el límite añorado.

sábado, agosto 21, 2010

Yunque

Guarda un yunque en las manos y lo revolea. Donde cae, cae. Después mira. Allá afuera quedan huecos en las calles. No le importa. No se caerá en ninguno de ellos.

domingo, agosto 15, 2010

Reseña I

Jirones de reseñas de otras vidas. Magnolias y costumbres de oler el tiempo como si fuera mio. A veces los instantes son demasiados como para lograr ser uno. Y es entonces cuando quiero tenerlos todos juntos en un ramillete de cordura, un piolín finito los apura a unirse todos juntos y son ellos los que me tienen seguro de que nunca habrá instanste igual.
Advertir el instante preciso ocurre en desvelos de ojos. Cuando nadie ya te mira, podes mirar en paz detrás de la costumbre y entender que cualquier instante que a retazos desnudes como jirones de otras vidas, es uno de esos que te acompanará siempre. Pasado el perfume del tiempo, vendrán otros. Que alguna vez serán agua para beber lo que se ha sido.

miércoles, agosto 11, 2010

A-Ficción

Hasta que no lo vió llegar por esa puerta no supo si aún tendría el aspecto que guardaba en su memoria. Aquel actor de reparto de su infancia, que por las tardes lo entretenía desde la pantalla de Teleonce, era hoy un humano más entre todos los humanos. Hector Ricardo Sosa entró por esa puerta donde Magda esperaba con un cigarro en la boca, y así como pasó,  se dirigió directo al ascensor. Apretó el boton para que repentinamente las puertas automáticas se abran, y el desaparezca fugazmente de la vida de Magda, que esperó un rato más y se fue por donde vino. A su casa, a mirarlo por la tele, donde siempre podrá reconocerlo.

sábado, agosto 07, 2010

Memorias

Guardó un silencio que duró unos segundos. Hizo caso a aquello que había escuchado desde pequeño. En su casa sólo se hablaba un idioma, el puño en alto y el grito fuerte.

jueves, agosto 05, 2010

Ceremonia 2

Guarda un rio y se atraganta con arena. Quizas te pida permiso para ser quien és. Cuando se alejó de la costa, la útima piedra que fue pisada tropezó corriente abajo y el bramido de las aguas fue como desolador. Se fué con río y todo a buscar el sol. Y encontró pedazos suyos flotando suevemente.

miércoles, agosto 04, 2010

La cercanía 3

"El mundo se resiste a ser dibujado"
T. Eloy Martinez, El purgatorio

Levantó el mapa cubierto de polvo y se rascó dos veces la barba. Había estado dos horas perdido en una fantasía. Sabía donde estaba, pero no lo sabía. Miró el mapa de nuevo, se rascó la nariz, se mordió el labio, hizo un gesto extraño, levantó la vista y miró alrededor, refregandose primero los ojos con la mano que tenía libre. El paisaje no era el que describía el mapa, ni se parecía. El sabía perfectamente donde estaba. Sabía de donde había salido y creía saber hacia donde se dirigía. Pero según el mapa, él estaba perdido. Por una vez en la vida, decidió no hacerle caso a los difujos en un papel, y se internó en el paisaje. Se metió sin querer en el mapa que miraba, y ahora, ahora, estaba seguro de que sabe donde está. La certidumbre de las lineas rígidas que son ríos y que no mojan y que orientan, fue su placer instantaneo. La cercanía de las letras diciendole en que preciso lugar estaba le gritaban desde la profundidad de una cartografía que se resiste a ser imaginada. En su certidumbre confió que estaba en el lugar seguro, perfecto, inalterable. La exactititud de un mapa no se condice con lo cambiante del mundo. Como era de esperar, nadie supo nada de Tito, nunca más. Ahora es un exacto punto en un mapa, que para el mundo, quedó vetusto. Claro que él no lo sabe. En su cercanía una raya de crayón rojo lo atraviesa, delimitando una carretera nueva. Lo habrán borrado del mapa, o lo habrán mandado a otro. A nadie le importa, es imperceptible. Ni Esther, ni Clara notaron esa mañana que Tito yacía y miraba desde el mapa del Virreinato del Río de la Plata que descansa colgado en la pared, en la casita de Congreso. Ni siquiera Tito pudo percatarse de que ya era parte del paisaje. Ininmutable, vivió el resto de los días en una calle barrosa del Buenos Aytres colonial, en un mapa que nadie se atrevería a remarcar ni a retocar.
El día que vendieron la casa, el mapa fue a una subasta. Ahora Tito espera que alguien compre, como hace unos siglos, tanta tierra o que se la roben, o que se la quemen.
La cercanía de la eternidad no es perderse en un mapa, ni dibujar la vida de los otros. Sino permanecer imperceptible a la vera de un camino que se niega a ser dibujado.

La cercanía 1

"La geografía no trae soluciones"
T.S. Elliot

-Me resisto- le grita. La cercanía huele a espanto sin voz. A través de la reja, Mara seduce al olvido con la mugre que desde cualquier lugar del cuerpo le brota. No se desespera, saben que vendrán por ella para cualquier fin. En cualquier momento. Carlos es lejano y tiene un bigote crecido. Ernesto es una incognita desde siempre. Mabel es una beba en brazos de quien sabe quien. Ninguno ha nacido. Aún persisten en la fantasía. En la cercanía de los días sin fantasía, Mara grita y dibuja espaldas en una pared que todos los días se borra. Como su familia, que cercana, se desvanece en una frase. Dos horas mas tarde, esa tarde sentiría asco por primera y última vez. Ese aliento la asfixia. Ese afecto la afecta. No es cuestión de tiempo, es cuestión de distancia, se convence.

La sospecha 3

Ficción de un dia y medio. Una rebanada de carne que roza el plato y cruje. Un cuchillo tramontina que acelera el corte mientras sangra el jugo y se despliega rojo por plato blanco; la radio diciendole cosas al espejo, rebotando opiniones y locuciones de jabones en polvo y desodorantes. Levanta la vista con cara de no queres escuchar nada y Lucila, sobria y con la seguridad de que será la última vez que diga esa frase en ese tono, se arremanga la blusita azul y se rasca un parpado que le tapa su hermoso ojo oscuro e hinchado por la alergia. Apagá la radio o me voy. Mantuvo la calma en cada palabra salvo en aquel sonido indefinico, que es una palabra a veces y a veces no lo es. A veces ni si quiera es una letra la o que reclama y pide silencio o que pide un grito mas o que no pide nada. La o de Lucila sentada a la mesa del pequeño departamentos de novios de la calle Azcuénaga, en el que Claudio viviría sólo y sería su bulín de soltero por unos lustros, fue acentuada y masticada ya no como una letra, nunca volvería a besar ese cuerpo. Estaba harta. La o era una sospecha.
Ni bien terminó de devorar el bife Claudio la fue a buscar a la pieza. No sospechaba nada. Algunas letras, palabras u orgasmos son sospecha para quien lo emite y no para quien la escucha. La o de sospecha, necesito ser escuchada para que la sospecha deje de serlo y se confirme. La o de confirmación se parece mas a una puteada, a un llanto o a un grito desesperado que no se da nunca. Pero aún queda en en la memoria de Claudio, la o resonante que le tapaba la boca a la radio que no decía nada tan importante ni sospechoso como lo que decía Lucila. Realidad de cuarto de hora.

lunes, agosto 02, 2010

Guardando libros en paquetes de yerba

Aquella tarde llegó para quedarse. Como los amigos, que se pueden ir pero nos dejan marcas irremediables. Como los libros, que los podemos prestar a los amigos que nos dejan marcas y se van, y pueden irse con ellos, pero nos dejan manchas de tinta en algun lugar de la piel. Como los mates con Silvia, llegan, se van, se ceban, se enfrían, y Roberto los recalienta en su Primus de la pensión de la calle Alsina. Es enero y Buenos Aires hierve. Dos veces hierve el agua en la caldera, como le decía Roberto que se acordaba de sus años montevideanos. Como esas tardes caminando por dieciocho de julio con su viejo, el botija Robertito anadaba con su matera. Acompañaba a su tata de calle en calle por las librerías de Ciudad Vieja. Su papá llevaba los libros y el, los mates. Esas tardes llegaron para quedarse. Lindos momentos, piensa. Lo piensa ahora que su papa se quedó allá y el conoció a Silvia que no es amiga, ni un libro ni un mate, pero llego para quedarse esa tarde. Y se quedó siempre.

domingo, agosto 01, 2010

Películas

Fina capa delgada deteriorada entre el olvido y un recuerdo ficticio. Una fina película de plastico recubre los silencios. No los escucha, mira la televisión con el volumen bajo. El sonido de la ciudad mas allá de la ventana es el fondo para cualquier olvido en celuloide. La escena se congela y sus labios detienen la brisa que una ambulancia o un camión de bomberos aventan a sus oidos. Raquel levanta la vista, se le nublan los deseos y desde la pantalla un galan le guiña el olvido para que ella se acuerde de que no está sola, la acompaña una fina y delgada capa de sensaciones que para algunos viven en el celuloide, pero para Raquel viven en su piel. Ella es una capa mas entre todas las capas que la cubren de recuerdos.

Sinestesia, sin estela

Pálido, el recuadro si rostro, lejano entre una foto y la otra, iluminó la mirada de Estela, que devoraba con la mirada las viejas imágenes de su vida guardadas en diapositivas. Levantó sin querer los pies para hacer equilibrio en el pasado, y mientras su padre se reía desde una polaroid con olor a modernidad antigua, su madre hacía piruetas con un ranser que grababa los sonidos que Estela, cuando niña, dejó plasmada en una cinta magnetofónica. Estela mira las imágenes mientras junta cajas llenas de miedo y sin quererlo escucha o cree escuchar su propia voz, treinta años atrás. Papá le trajo el futuro, y ella ahora que el no está, le devuelve un pasado. En su memoria, el tiempo no ha pasado. -Pero el cuerpo sabe lo que la memoria ignora- dice la lagrima que baja por su mejilla, llega hasta su mano y se astilla en la foto de papa que sonríe con ella en brazos. Treinta años despues, el mismo llanto. Otros golpes. La misma foto. Sin estela.