sábado, marzo 22, 2014

Tuvo una vida para saber quien era, como olía, de que se trataba eso que algunos le llaman cariño. La tuvo toda entera entre las manos. De tanto en tanto se la llevaba a la boca y la olía con las narices bien abiertas, como una fruta que todavía no está lista para ser comida, por verde o por dura. Por poco apetecible que parezca, se la guardó entre manos un rato. Tuvo la sensación de que el momento nunca llegaría. No se animó a  hincar el diente luego de oler la vida, como fruta podrida.