martes, junio 29, 2010

¿Quien te quita lo bailado?

A la memoria de Don José Saramago,
que en paz descanse

"Si las copas traen consuelo,
aqui voy con mi desvelo para ahogarlas de una vez"



Si arrepentirse es darse cuenta que el cielo que miraste al pensar todo lo que pensaste luego que esa lluvia de vidrios te mojo la piel interior, no es al fin y al cabo el mismo cielo que ahora escupís con ternura en el rostro, porque ya no te quema las pieles, entonces descubrir que has hecho lo correcto es esa penumbra que te ilumina cuando esa noche pasa y el día nuevo viene, y todo lo que escupe el cielo es lo que te hace darte cuenta que no vale la pena arrepentirte de quedarte sólo un rato mas esperando que el amanecer amanezca y el anochecer anochezca, porque a fin de cuentas la única diferencia entre crecer y no crecer es avivarse de que esa lluvia de vidrios se llama dolor, que esa piel interior es la única que tenemos y que esa penumbra es el amor por los que amás. Ni bien te des cuenta de eso, quizas te arrepientas de haber vivido. Pero ya no vale la pena, porque ya no sos lo mismo, ahora sos el vidrio que le corta la piel a otros tantos, que lejos de arrepentirse, te agradecen que les cuentes a tu manera, de ese cielo, de esa piel y de ese amor. Tengo miedo, mucho miedo de ser de vidrio. Tengo pánico de ser de piel, y ni te cuento de ser esa penumbra, porque no hay luz que la alumbre ni vidrio que la contega, ni piel que la proyecte. Orbita quieta y sola, esa penumbra con olor a rocío, con textura de lluvia y aliento a muerte, para que cuando te ilumines, sepas que tarde o temprano, no habrá luz que la pueda generar. Estarás bien muerto entonces, bien muerto con la exacta certeza de que no podes arrepentirte de nada, porque no hay mejor oscuridad que la de un sin sombra ¿Quién te quitará la penumbra?

domingo, junio 27, 2010

Muerte III

"no habrá ninguna igual,
no habrá ninguna"



Se descalza los zapatos detrás del biombo de madera antes de acostarse. Se desprende la blusa azul de un santiamén y en el lapso de otro, ya tiene puesto su atuendo de dormir. Un camisón negro que le cubre desde los tobillos hasta el flaco rostro pálido e iluminado, que le retiene la cabellera negra. Se acurruca al rededor de unas cobijas malolientes de tantos días sin aseo. Espera. Ella ya viene. Le besará la frente como ninguna antes lo ha hecho. Le acariciará los pies helados. Y la abrasara, de brasas y sin brazos, en silencio. Hasta que todo calle.
Femenina. Aquella muerte seductora vendrá a besarla, como ninguna la ha besado.

sábado, junio 26, 2010

Con probar...

Con probar no pierdo nada. Se dice a si misma. Se miente. Un rubor azulado le sube por la cara blanca, pero no pálida. Se ata los cordones de las zapatillas en el medio de la acera y cerquita está la boca del metro. Se imagina tomando ese metro en la estación Callao y emergiendo en el Callao de antaño, o mejor aún contempla la posibilidad de luego de horas de vieje subterraneo, aparecer en Colonia, alemania.
En su mano lleva un mapa del universo mismo, se lo vendieron en el metro el otro dia. Quizás el último subte a rosario aún no haya pasado.
El problema de esas rutas es que las combinaciones son peligrosas. Piensa y se cree que es Verne en veintemilleguas al centrode la tierra. Yo no voy tan lejos se convence. Se peina la gris cabellera se acomoda los lentes cuenta hasta tres y baja por la escalera automática de esa boca.
Con perder no pruebo nada, se dice y se ríe. Del furcio, o no tanto.

Muerte II

No es el llanto el que me llega ahora que imagino todo cuando ha sido y no es. No es el desamor lo que trepa con cizaña y enrieda como rocío escarcha y hielo el sábado grisáceo de hace varios años. No se como pero con los ojos tibios recorro este momento. Grito en silencio, sin fuerzas, elaboro un plan maestro para no caerme en la pirueta. Pero las palabras que me digo no sobran ni faltan. Simplemente no hacen falta. No hacer falta no es para nada lo mismo que sobran o faltar. Si sobran, no es que no hagan falta. Si sobran, son indiferentes. Si faltan, se necesitan. Si no hacen falta, es tibio. Estando sobran y molestan. Faltando Faltan y devoran.
Me callo entonces y sigo sufriendo esa vieja muerte que me vi venir hace unos años y que ahora, en este mismo instante ocurre.

Muerte I

El cuerpo sin vida. Imagen pura de un deshielo atroz, sonrió desde la nada. Desde la misma nada sonríe un cuerpo muerto, que no es lo mismo que un cadaver. La cara blanca resplandeciente de uno que recién acaba de dejar su óbolo al mismo Hermes y que recién ha naufragado como balsero del Hades. Me sonríe el cuerpo del otro lado del vidrio. Me sonríe a mi mismo que no tengo nada de que reirme. No: No soy un degollado. Aca el muerto no se ríe del degollado. Acá no hay un muerto, hay un cuerpo muerto. Leer estas palabras, las últimas que el me dijo que transcribiera, es entrar de a poco en su terreno, de a poco en su oscuridad que encandila. La palabra se queda quieta en ese rincón oscuro del silencio. Se queda fría helada, la palabra duele por eso hago silencio. Y si la palabra duele es porque hay un cuerpo que ya no quiere sentir nada. Nada. Yo no lo entiendo. Solo transmito de a poco y casi telegráficamente sus palabras. Las que el me dijo.
No lo enttiendo, pero las ganas de llorar me vienen igual. Me pregunto si abrazar a un muerto es abrazar a algo o a alguien. Pero repito. El no es un muerto. El es un cuerpo muerto, que no es lo mismo. Pero sonríe. Lo abrazo y sonríe. Me lo imagino. Tanto repetí estas palabras que me lo imagino. El, lo ha visto. Yo no. Yo no entiendo. Solo soy un escriba, el medio por el cual sus palabras van y vienen.
No lo entiendo. No entiendo nada pero repito, como un lorito, asi me acostumbro. El sabe de estas cosas. El quemacuerpos con los ojos tristes, mataganado y perdido con un destello de dedos calmos. El es la misma bestia que ahora, está muerta y mira tras del vidrio.
No. No es vitrina. No es un bestiario de sueños descangayados o un zoológico de almas en pena. Es la vieja y querida muerte que nos va matando de a poco a todos.
Si no queres que entre en tu vino, no sigas leyendo.
Ni te preocupes por mi.
Yo ya estoy muerto.

punto, aparte.

Aparte del punto detras de una recta hay un infinito aquellarre de sonámbulos esperando despertarte la oracion descansa sin sentido entre dos diminutos pedazos de tinta o de bits o de pixeles que simulan la detención ese silencio en espera es automático poner los puntos para cortar la frase y despues mayuscular (ya se está mal dicho) la letra que sigue y seguir marcando el terreno de como se dice lo que se dice por porque poner puntos a frases que no sabemos bien como decir si a fin de cuenta uno se calla cuando se cansa y uno es yo que no dice yo sino uno por costumbre y por costumbre hay puntos que van donde no van y vienen donde van y asi yo cree que uno va y viene y yo se cansa y uno corre y se pelea y uno y yo es-lo-mismo-a-veces-pero-no-siempre y yo veces no sabe cuando callarse los dedos salvo cuando me cansa uno a mi como ahora y punto (se cansó uno y me cansé yo).

punto muerto

Detrás de ese sol hay un puto recuadro que me recuerda que llegar hasta el es quemarme vivo. Está colgado como un letrero luminoso que decora una marquesina, pero no como una señál de alarma. Mas duele mas ansía. En pasado. Quema el fuego para no volver y vuelve a quemarse. Sangra un rato la bestia que quiere comer carne cruda y se aviva que las palabras le hacen falta como dos mimos mudos. Saber distinguir entre el bien y el mal no es para él, ni para mí ni para nadie. No se puede quemar el fuego. No se puede entender que hay atrás de ese sol martir de penas crudas. Y la palabra que elijo (la primera persona es tan ficticia como la última) es siempre la misma. No es piromanía ni desacato. No es burla ni entrecasa. Brotadespacio y se asegura en cinutorones  rotos porque atras de un abrigo hay un frìo helado y atrás de un amgo hay una sombra que se fué (la sombra del amigo).
Detrás de ese solo hay otro puto recuadro que no leo de lo ebrio que me encuentro, y parece facil llegar hasta esa puerta, y atrás de la puerta un campo, verde el resto de los días. Ares y la mar en coche. Mercurio el sol y mas allá, quemarse un poco las tripas y darse cuenta que no hay gasoil para los días negros ni hay letreros que te avisen que frenar es frenar, ni hay pedal que te asegure que el freno es el freno, marcha atrás o primera, y después el barro, la nada, la mierda. Esto no es un auto ni es un sol, ni esta es una calle, ni una ruta, este es un viaje que de vuelta se olvida que no hay que moverse para morirse ni hay que quedarse quieto para ponerse en punto muerto. Y tal vez solo tal vez quedarse en pose-de-no-pasa-naranja, es la imagen mas ridícula pero mas útil tras tanta fruta podrida en cajones que esperan abrirse. A-moverse-que los melones-seacomodan-sólos. Minga.Minga.Minga.
El sol te quema lo mismo te acomodes en reversa o gires en U o vayas ensimismado en un giro de cuatrocientoscincientasiglos sino queres seguir leyendo las cosas que no queres escribir o sino queres darte cuenta que estas tanquemado como el letrero que indica quelsol te quema entonces no hay puntos ni comas que te cuenten que paraste el coche y te hiciste bizcocho en la avenida ruidosa porque hace rato que aunque aca no haya puntos vos sos un punto muerto bien muerto.

Crónicas de Voz en Off (Aclaraciones 1)

Escribió el cuyano una vez...
Todo empezó una tarde con un libro de Gorriti. Si usted no sabe quien es, a buscarlo se ha dicho. Yo no escribo esto para avivar giles. Me entusiasme con una de sus historias. No fue hace tanto, esos libros se editaron hace poco. Gorriti vive en Lima. Pero escribe de esta cosa rara que es Buenos-Ayres y de la patria y eso.
En uno de los cuentos que nunca se publicaron, Gorriti cuenta una historia, extraña, como todas las suyas. No hay guerra en esa historia. Tampoco hay amor. Nunca se publicó, a mi me la alcanzó José. Nunca se publicó...
Y ahi fui a buscar, a hurgar y aparecieron pistas. Y parecía algo lindo para ser escrito. Y llegue a la casa de Ramirez. i el resto ya lo conocen.

Crónicas de Voz en Off (Parte-Cuatro)

Si por un instante me alejara de esos días, creo que los entendería mejor. Confiesa. Esta vez en voz alta. Como si algo le hubiera cambiado. El semblante frío, agotada, extenuada, Catalina habla y habla; ya no es ella.
Pero no me puedo alejar. Me quedé ahí. Soy esa Catalina, no ésta. ¿Me entiende joven?
El joven hace como que sí. Pero no, no puede. Lo entenderá recién cuando haya pasado los cuarenta si es que llega, si es que la patria lo deja. No entiende. Pero le miente. Le dice que sí. Se hace pasar por viejo, por sabio, por zorro, por diablo. Tiene mañas el Cuyano.
....
....

Que va a entender usted, es muy chico. ¿Que edad tiene a ver? El calla, el que calla otorga. La suficiente pero no la necesaria, le remata. Y ella cede. No sabe aque pero cede. los noventailargos en el milochociecientossetentaialgo son como mucho, como demasiado. Ya excede el vejestorio, se pasa de ello. Es como un museo viviente : un fósil.

El quería ganarse su corazón para que ella le contara el amorío. Lo que no sabía el cuyano es conocer los detalles de ese amorío, implicaba indefectiblemente meterse en otro : imposible.

...
...
...

Cronicas de Voz en Off (Parte 5)

Se despierta y sonríe. Le toca de nuevo visitarla, a ella a la inmortal. Cada día una novedad. Ella que en sus ojos guarda los secretos de la patria. Ni Thompson, ni Azurduy ni Gorriti, nadie despliega los secretos heroicos de la tierra como Ramirez.  Dicho así, suelto, el apellido solitario, desconociendo la procedencia, rememora en su mente a un barbudo caudillo de la de Entre-Ríos, Pancho. Con quien el joven periodista no tuvo el gusto pues el caudillo tuvo la displiscencia de morirse medio siglo antes. Se despierta y sonríe. Llueve a cantaros en esa Buenos-Ayres fría y húmeda y polvorienta y llena de barbarie. Pero el ríe igual. ¿Se habrá enamorado de un fantasma? Lo piensa, pero no se lo creé. Se acuerda del sol Sanjuanino. Y se pone a llorar. Santa Rosa, piensa. La puta que lo parió.
Vive por unos días en la casa de un amigo que es el que le consiguió el trabajo en el diario, bajo el mote de cuyano, dia tras día rebusca historias en los vericuetos de esa ciudad que va creciendo. Putea por lo bajo. Porque llueve.
¿Que tenés con la vieja? lo interpela su amigo.
-No te lo puedo explicar. Es como un viaje al pasado. Como una fantasía. Su amigo, sentado en la mesa se sonríe. Le alcanza un mate con azucar, labrado.
-¿Yerba paraguaya?- ¿Donde conseguiste? Un amigo, la trae de Asunción. Ahora que estan las cosas bravas, vos te traés esto.
-Pero es rica, que va a hacer.
Todo tiene un secreto, mi amigo.
-José! me tengo que ir a visitar a la doña. Después la seguimos.
Cuando guste.

Cronicas de Voz en Off (Parte 3)

-Lo voy a aburrir con mis cosas- le susurró al oído.
El mas chíco de los jóvenes Soler, se reía sólo. La escuchaba y se reía solo. No reía ni de miedo ni de gracias, reía de espanto. Era temprano ese día y ella salía de la Academia como todos los martes. Caminaba por las callecitas verduzcas y hediondas esquivaba los charcos, saludaba a todo el mundo y llegaba a la casa donde su madre, la Matrona, la esperaba, inquieta, esperando mas que no hiciera correrías que a su hija misma.
La mama, si,  la mama, la esperaba en la cocina con la criada. La última de las esclavas que pisó con ese título, la ciudad de Buenos-Ayres.
Ese día Catalina desvió su rumbo unos metros y en lugar de entrár por el enorme y pesado portón, dobló por la esquina y se metíó en la fonda. No le avisó a nadie que iba allí, salvo a aquel que la esperaba sentado en una mesa, que discutía con el mesonero fervientemente.
Se trataba de un hombre apuesto y que llevaba algo parecido a un traje de gala que desentonaba con el lugar.
Se saludaron a la distancia, con un gesto cómplice, sin el sobresalto de esperar mirarse. Ella traía unas partituras nuevas, una cosa rara que estaba estudiando. El, andaba con libracos también novedos, del derecho de las gentes. Tenía el cabello enrulado, él, tirando a largo y una barba descuidada. Tenía el cabello atado, ella, tirando a castaño, y una mejillas rojas de tan blancas.
Se sentaron enfrentados, en el tablón, como desconociendosé. Enderededor era todo un bullicio. La fonda cobraba vida  a esas horas.
-Mañana me voy- Dijo el mirando su libro.
-Pero vuelve- Como siempre vuelve, le retrucó.
-No se, nadie lo sabe-
-Yo lo sé- reflexiona.
Lo bueno de estar acá es que nadie nos busca piensa ella y lo mira, de refilón. Él, que entiende mucho el leguaje de gestos, la sorprende con un no rotundo al mover la cabeza. Catalina se extraña. Frunce el ceño. Le pide una explicación, le suplica encarecidamente alguna explicvación con la mirada porque ese gesto le devora las entrañas.
Soler, calmo. Saca de su bolsillo una pluma y anota unos garabatos en el libro que lee, y se los muestra. Catalina primero se ríe, después se sonroja y por último se asusta.
-Por fin el gallego trae el café- Bromea él. Cortando el susto.
Mientras el mozo se acerca a ellos y deja el brebaje.
Se escucha una campana.
Es tarde para mí, dice ella. Para mi es tarde hace rato, retruca el, con buen tino.
Ella le besa la mejilla en tono de despedida evitando rozar con su boca la barba polvorienta.
¿Perfume francés? Pregunta el.
Me lo trajo un amigo, un regalo.

Inicio

-Un botón de color ocre te separa del mundo- Me dijo ella.
Me miraba consternada porque todo se le derrumbaba, pero sin embargo me hablaba de cualquier otra cosa.
Charlamos un rato de botones, de interfaces y de otras mierdas que no venían al caso.
Aún no hay tecnología ni botones para empezar todo de nuevo.

Precipicio

Lanza hacia afuera con todas sus fuerzas aquella soga oscura que permitirá que Rubén se agarre fuerte de ella mientras el vèrtigo le perturba la visión. Escucha nombrar su nombre como si alguien lo llamara para despertarse, y se aferra tibiamente a la tela que se hunde entre sus manos, rugosa y húmeda y transpira el chico mientras da bocanadas entre los rayos de luz y tose y la soga entre sus manos es almohada y despierta, tiritando.

Beneficio

Responde el teléfono sin ganas. En su celular un numero desconocio amenaza molestar con la duda intangible de que sea el que sea, me quedo con la duda de quien fue.
Le contestan del otro lado. Le monologan un rato. Total ella no paga. Paga el del otro lado. Sea quien sea.
Le dicen cosas al oido (a donde sino). Pero no le susurran, le gritan, le gritan, pero no porque se enojaron, sino porque estna desesperados. Una voz del otro lado del satélite distorsionada y oblicua repita frases que Clara ahora prefiería no  poder repetir. Es como una masacre. En algun lado hay una masacre, un incendio un algo.
Se imagina  todo eso mientras mira el numero desconocido.
Me quedaré con la duda. Piensa.
Su ringtone es una sirena.

Maleficio

Guay. El ojo no te mira. Revienta de amor. Pero no te mira. Sabe que ellos te esperan. Pero no te mira. Rechaza toda concreción posible. Pero no te mira. Se cree que te mira. Pero no te mira. Me importa menos creer que lo que creo es lo que necesito que hacer de cuenta que nesecito lo que creo. Creo lo que creo. Necesito lo que necesito y punto. Aparte, que otra circunstancia te aleja mas de tus hijos que vos mismo, boludo?
Andrea se levantó de repente asustada, como si la verdad revelada le escupiera el asado. Se arreglo los lentes, se miro en el espejo retrovisor, hizo el gesto cordial de un hasta luego, y se fué.


Ejercicio

La madrugada del 2033, un personaje me vino a buscar. Me agarró desprevenido el guacho. Me cazó de las chuzas crecidas, y me dijo con su voz extraña (la habia imaginado mil veces pero nunca la había oído).
-Nunca más me hagas matar a mi vieja, me escuchaste limado, todavía no te diste cuenta que yo la quiero!!!

Ni bien dijo eso desapareció de mi vista. No supe mas de él. No volví a escribir más sobre adolecentes cansados de crecer que matan madres por ahi. Me asusté mucho. No volví a escribir hasta hoy. Pasaron no- se-cuantos años. Ahora estoy viejo y tengo más miedo aún. Creo que nunca terminé esa historia. No es tiempo de retomarla, Esteban nunca mató a su madre.  ¿Porque no vendrá ella a buscarme?.

Metal y carnaval

"Falsa escuadra en la pared,
fe de higado"

Mas loco que un chivo loco. Chivo en el aroma y en el escalde. Desvaría melodías sucias. Respinga y respira. Cree que todo lo que hace esta bien. No se equivoca. No se equivoca nunca. Nunca. Nunca. Nunca. (Se pregunta si repetir la nulidad es anularla mas o menos). No se contesta. Mas loco que un oso. Mas solo celoso. Osa asomarse al balcon donde las guirnaldas y las luces de colores vuelgan, y alquiló un disfraz para la ocasión, se cree que está bien salir así a la calle a empomar un poco todo el cielo de disfraz de irreverencia, y cae en la cuenta de que atrás de la verdad no hay límite que le deje acelerar.
Yo lo vi irse, una tarde, de la pensión de Riobamba. Todavía se festejaba Carnaval en la ciudad. Lo vi irse vestido de negro, emperifoyado con grampas cromadas en los aleros del cuerpo. Lo vi cabecear con su melena prístina y demoníaca. Lo ví adolescente, matandopadresporahi, (siempre los suyos claro). MAs loco que un chivo escribo y lo veo irse de la pensíón una madrugada mientras el Mozo me pide que me vaya porque no me entiende que necesito escribir estas ultimas cosas antes de que se me escape la imagen y me vuelva yo mas loco que un chivo roto. Culo sucio.

Nota: El mozo me quiere cobrar un vino de la casa y me peléo porque me creo que me tomé una Coca-Cola. Ya no me pregunto que escribo porque no me puedo hablar ni a mi mismo. Juro que lo ví, se fue con el corso, le importó un pomo el carnaval. Sólo el metal.

Ahi viene

Ahi viene. Ahi viene eso. Ahi viene eso que. Ahi viene eso que uno. Ahi-viene-eso-que-uno-quiere. Ahivienesoqunoquiereagarrar. Y se escapa. Pasa. Y no viene mas. Por un tiempo. Se olvida de pasar a buscar sus petates por la pensión de Riobamba. Le tiene miedo al cine, al teatro. A la fantasía de que su vida es un poco mas que su cuerpo. En la punta de la lengua como quien añora decir una palabra olvidada en dicción mas no en imagen, imagina que puede poseer todas las cosas juntas con esa deseorragia que lo cruza de espaldas. Si, dije Deseorragia. Dije eso y lo repito. Lo veo a través de una botella de Coca-cola en un bodegón de la calle Corrientes, pone esa cara de tener el deseo en la punta de la lengua, o en la punta de la boca, o en la punta del ombligo, o en la boca del estómago y tiene unterrible miedo de que de nuevo se le escapen los deseos por esa arteria abierta que tiene entre los labios. Y mientras escribo estas lineas sentado, y el mozo me trae la cuenta de la Coca-Cola que acabo de tomar. El mozo me pregunta si es todo, y  yo me pregunto que escribo. Pero no soy tan gil como para contestarle al señor, que tan amable ha sido esta noche de sábado lo que escribo, porque ni yo lo se. Ni me importa. Ahi viene de vuelta. Ahi, de vuelta viene. Eso. Ahi viene de vuelta eso que unoquiereagarrarysiempreputamadreselescapaporlaboca.
-No se que escribo- le contesto, como preguntandolé.
-¿Desea algo más el caballero?
-No gracias. Me acabo de ir.

miércoles, junio 23, 2010

Cancion de cuna prohibida

Cerrá el reloj. Amenaza tu voz, con llegar hasta el último grito. Regresarás al final del desvelo y brillarás cuando sangre esa herida. Despertarás y mirarás tus manos, hasta que llegue ese dia.


Sabrás después, arrodillarte y porque no, seguir con el juego de siempre y así no esuchar la canción de esta cuna encendida : siempre la voz de la vida prohibida. Desperatarás cuando escuches en sueños (y) vas a nacer cuando puedas dormirte. Vas a nacer cuando puedas dormirte.

Ceremonia del mate dulce

Hasta el último, me dijo. Te lo tomás hasta el último. Escuchar esa voz en la madrugada ácida de invierno mientras el frió catatónico y la escarcha rauda revanchan contra los pies descalzos y desnudos del niñito de ojos grandes que se había escapado en la transnoche del desafìo, a ver si afuera estaba mas frìo que adentro, y mirá que adentro hacìa frío. Pero hay fríos y fríos, pensó el niño, mientras la bombilla da acero calienta le rozaba los labios azules, y un manantial de elixir dulce y verde se le metìa por los poros del alma.
Gracias, respondió.

Autoretrato : Lo último que recuerdo.

Retrato un auto sin ruedas ni luces. Un motor esporádico hace que canta canciones en tano, pero se olvida de que la bocina no es corneta en un trio de jazz sino señal de alarma. Dibujo las líneas en la palma de mi mano como si una ciudad de calles ajadas la sortearan, surcaran, rifaran. Escribo en el vidrio empañado lo que quiero escribir, pero no te lo cuento ni se lo cuento a nadie. Como siempre, me doy cuenta. Se da cuenta, que no es yo el que escribe, que no es él quien estoy en el asiento trasero del Falcon enorme. Esta ventana no es esa ventana. Se parece, pero no es. En esa ventana había una mujer, que nunca mas miré igual. En esta ventana está lo que él escribe ahora. Esa ventana era un vidrio, silicato, una roca. Esta un papel, celulosa. Papel o tijera. Piedra. Vidrio. Como un juego infantil, en el que las reglas-del-juego se revierten y no son tan lógicas como irreversibles, el papel devora a la piedra. Pero el vidrio lo corta. Vidrio, papel y demora.
Esta ventana fue cortada por la misma demora que devora al vidrio. Escribe en el vidrio rojo, después del alarido y del bocinazo. Falcon o Peugeot. Me da lo mismo, en ese orden. Me doy cuenta que nunca volví a ser lo mismo al atravesar esa ventana, de vidrios.

Choque.

Si la mano que agarra aquella mano pequeña en medio de la avenida repleta de enormes latas de sardian motorizadas y bestias de carga que cargan bestias, no hubiera hecho aquel gesto crucial de que Mateo espere quieto, tras la cebra espantosa, entonces la mano pequeña hubiera sido carne de pescado envuelta en aceite de automovil, aprisionada entre un abrelatas y un vertigo, el ataque de pánico y la ira y tengo miedo. 

martes, junio 22, 2010

Voz

Claro. Solo, amargo en los ojos. Rio de sol caerá en tu rayo, canción de mierda. Y en tu milagro sobre la pared, quedará mas que un pedazo de revoque sin amenaza de caerse. Sin voz no puedo ser.

Entrañables entre tramas

-No me lo preguntes- me preguntó.
-No me lo digas!- le dije.
Dudé un instante.
Después me agradeció tanta burla.
Es entrañable, pensé.

Arrabales I

Si alguna vez llegaron a cruzar los límites establecidos, son pocas veces que han vuelto de donde partieron. Lo irreal del retorno, los hizo parte del territorio. Transitaron un arrabal de escombros, penetraron lo virtual, lo subjetivo, lo narrativo. Para cada límite deshecho o para cada arrabal transitado habrá surgido una narración. Las ficciones las fueron armando en ese terreno. Asi fue naciendo de los interminables monstruos que cubren sus cabezas de Cancerveros rabiosos, este collage de palabras que no es mas que abrirse de letra entera tratando de vez en cuando de no caerse. Los escritores de palabras mudas nunca piensan lo que escriben. ni aprecian demasiado lo que aman, simplemente se arrojan a la pluma infame, en cualquier madrugada. Y nunca, nunca vuelven de donde salen, a escribir.

lunes, junio 21, 2010

No olvides que una vez tu fuiste sol

"Dejate llevar y vuelve a ser jinete"

Amanecerás cuando te permitas mirar mas allá de la noche. Despertarás cuando te escapes de ese sueño. Madrugarás cuando entre lagañas alcances a mojarte la cara con el agua fria del fuentón que está detras del mueble. Después pensarás que este es otro día mas en tu vida y lo empezarás como si así lo fuera. Verás a tu padre en la mañana, besarás a tu hijo en la frente, le dirás a tu esposa que la quieres como nunca, masticarás un amargo hervido sin mas esperanza que te despierte un centímetro más, que te separe del suelo, que te reviente las sienes. Te aprontarás hacia el trabajo, mas tarde que nunca, porque tenés una fiaca del tamaño del obelisco. Haces de cuenta que no conoces a nadie cuando salís a la calle. No te hace falta mucho. Es cierto. No conoces a nadie. Son las caras de los vecinos que como vos, se levantan y salen en piloto. Automático. Pispeás el periódico cuando en canillita lo guarda entre sus manos. Lo hacés sin saber porque. Simplemente no te importa. Cruzarás la calle desprevenido y ese carro te llegará de repente a contarte las mas temibles historias de choques. Después pensarás por un instante que eso ha sido todo. Y que no queda mas noche que la última vez que le viste los ojos a ella, la que te mira desde el otro lado del vidrio con un grito de desparpajo y alegria. Ya no tengo miedo, pensarás. Estoy sólo pero muerto.
Escuchas un timbre. No es el recreo, ni el teléfono.
Es la vida que te llama con sonido de despertador electrico.
Mierda, pensarás.
Estoy vivo.

Palabras menores

Descansa el respiro con la impresión exacta de que no hay vuelta atrás. Deshojados los pulmones hirientes, resiste el deseo a imponerse solo, solitario, como soldado de batallas mudas. Y no hay vuelta atrás. Inspiro, aspiro, respiro, inhalo, expiro. Después rezongo. Soy un nene. Rabietas extremas. La fría casa de mis papis, helada de madrugada y asfixiada de tarde me resuena como un disparo lejano. 
Hay guerra, le digo a mi compañero. Hay guerra allá afuera, le repito. Me mira, desolado. Pretende escuchar palabras que no dije. No las escucha, porque no las he dicho.
Me cuenta una historia, con los ojos, con la palma de los ojos mustios me relata su vida. No persisto en entenderla mas que lo que puedo. Me limito a escucharla cuanto puedo, mientras tirito de recuerdos y pienso en la muerte sonriente. Siempre la muerte sonriente.
Años mas tarde, una madrugada vacía cuando los nietos de la vida se hayan hecho hombres, y cuando los hombres se hayan hecho niños de nuevo, caminando por un parque plácido repleto de pastillas de colores pálidos, un disparo allá afuera (afuera) me trajo como un olor a mierda atroz, aquella historia.
Me la trajo como por partes, desmembrada por entregas. Se me aparecieron esos fantasmas que a mi me gusta creer que los imagino. Pero se que no. Me la trajo un disparo confuso. Me la trajo la traición. Como me la trajo, se la llevó. No te la puedo contar. No vale la pena.
-Hay una guerra-, me dijo.
-Me quiero morir-

sábado, junio 19, 2010

Animal

"Mamá no quiere dar a luz a un niño porque dice que va a salir a matar por las calles con sus manos"
Emilio del Guercio.


-Que lo parió- Piensa.
Se arregla el bigote. Se sonroja en silencio y sigue arreglando el artefacto. Lo toma con sus manos enormes. Lo despelleja un poco. Lo atornilla, le saca brillo. Lo enmienda y lo acaricia. Le descubre partes que desconocía. Botones que disparan mecanismos inconscientes. Perillas que lo hacen gritar. Lo mira fijo. El artefacto cobra vida. Se mueve solo.
-¡ Que lo pario!- Ahora lo dice. Casi en un susurro confidente. En la habitación no había nadie mas que ellos. Julián, el artesano del sonido  y aquel artefacto animado que no tenía nombre. Ni bien lo dice, una de las partes móviles del objeto que aún Julián contiene entre sus manos, se mueve sola.
La sorpresa de Julián con pose de madre cuyo hija sorprende con una nueva mueca, una nueva palabra, se transmitió con un gesto en sus ojos, sus bigotes y su boca.
- Que te parió, che - grita Julián. ¿ Porqué no te quedarás quieto?




viernes, junio 18, 2010

La última. La primera. La de siempre

Una soledad devoratripas. Devoraentrañas. Achurasueños. Maldicescombros. Amputacosas. Escupepenas. Rayalosojos. Rallaotrashoras.Ciegadespacio. Machucasaña. Despiertafío.Ausentahuesos. Escalarompe. Resistezones. Ahuyentavientos. Despidetrenes. Regañadientes. Asfixiarayos. Albergarroyos.Entierrarios. Enriedaseñas. Pervierteguiños. Separahallazgos. Sostieneredes. Simulabrazos. Seducevoces. Sinceramentes. Abrigaguiños. Mascullaoídos. Persistesiempre. Anidaruidos. Esgrimecelos. Patearmarios. Sentenciagritos.

Pocas pulgas

"El que desea y no obra,
engendra peste"
Sir William Blake,

Refranes. Afanes y afanos. Parodia y tristeza. Salud, dinero y amor. Amanece que es mucho. Adolesce que cuesta caro. Creceré y seré sospechas. Entender hasta no entender. El que morfa y no convita, le regalarán caballos, con dientes de sable corvo, que te muerden hasta el orto con revientes de sorpresa. Ah mira que lindo caballito de madera. Apesta. Apesta la mierda que te engendra y la madre que la parió. Mira como te muerde el caballito que no ladra. Mirá como te come al amo el perro del hortelano. Mira como te mueve la cola, mirá como te lame el rabo.
Ya vendrás con el paso cansino, la mueca sorda, la mano gacha, la cabeza raza y el caballo cansado. Ya vendrás. Que culpa tiene el caballo, el tomate o el chancho. Volverás y darás lástima. Y nunca digas, ese culo no lo he de sangrar. Y nunca digas, nunca. Nunca digas nada.
A buen envidiador...

Todas las cosas..

"...que te veo
se parecen a un niño"
Luis Alberto Spinetta, BolsoDios, Pan.

Hace unos ratos largos que los largos ratos son como haces. Hace un haz de brisa helada por la mirada  y ella la cierra, casi como un reflejo. La bocanada ferviente de aire puro se le mete por cada uno de los poros, le atraviesa la ropa y la desnuda en silencio. Si, la mirada también desnuda. Se convence de  que quizás aquellas últimas consideraciones que hizo acerca de aquellos hombres que la rodean, no la rodean tanto como los hombres. Mas bien se siente que todo fue como estampar un mosquito contra una pared bien blanca. Chupasangre. Toda la furia heroica en resumida en una critura inerte, que temblequea contra el fondo del universo bien blanco de una pared, con las patitas aún oscilantes y la trompa reventada de un pastiche rojo, de la consistencia del rouge, con olor a hierro.
Pero prefiere sentirse desnuda de rabia, que vestida de asombro. La sorpresa, la anula: la estampa. Trajo de su viaje algunas sonrisas que le quedaron impregnadas en sensaciones que ni ella se anima a revisar. Hace de cuenta que las cosas prestadas, nunca le pertenecieron. No lo sabe, pero Amalia se miente. Retorna a las costumbres vanas que la inclinan al sur, en contraposición del norte. No busca un destino ni espera que él la encuentre.
Se miente porque no sabe que aquellas cosas que le prestaron y que ha devuelto nunca vuelven enteras. Algún pedazo de niño queda pegado a su risa cuando se termino la hora del juego. No lo quiere saber. Vos no se lo cuentes. No se lo digas a nadie. Ella solita se va a avivar. Algún día, sentada frente al silencio de no querer mas a nadie odia a si misma, se habrá dado cuenta, de que todas las cosas que conoce, se parecen al cielo.
¿Dale?


jueves, junio 17, 2010

Cuchillo Ajeno

¿Vete!, no comprendes que me estas matando?
                     Expósito.


Ajeno…
un camino ajeno..
que se jacta de servir de algo....
y que no sirve.
Un terreno sin memoria.
Oxidado.
Desahuciado.
que se evade,

que se pierde,
que no estalla
que no sangra,

que no acude,
que no existe.
Que no pide que no lastima

que no encierra que no figura que no llora,
que no existe,
que no vibra
que no siente
que (no) es.
que no muere
que no ladra,
que no llora
que no deja de ser él.
Un camino
un camino
Comino
Un.
U
.
 
 
Año 2000, Buenos Aires.

¿La yerba sin mal?

Episodio 1 (circa 1420-1440) Una familia de Tupí o una familia Guaraní, después de muchos días de caminar, encuentran una región al sur del Mbaracuya apropiada para asentarse. Encuentran la tierra sin mal. La madre cuenta una leyenda a su hijo. Se sientan en ronda. Comparten la hierba, la yerba, el Caá.


Episodio 2 (circa 1660-1680) El padre Sepp y el padre Cordiel (ambos jesuitas asentados en las misiones de la Paraquaria), dialogan sobre el cultivo de la yerba. Rememoran el yugo de los guaranies. Reflexionan sobre su cultivo. Sepp escribe en las Cartas Anuas, detalladamente, sus ideas. Se lleva a la tumba sus ideas.


Episodio 3 (circa 1820) Amado Bonpland inicia un viaje hacia la República Entreriana. Lo espera una aventura sin precedentes. Imagina a los jesuitas descubriendo la leyenda del Caá. Se enamora de una hermosa mujer de estirpe guaraní. Redescubre en silencio el secreto de la Ilex. Secuestro y encierro por diez años.

Sin mirar

- ¿Cómo mirarlo?
 Fue un bello sueño. Tal vez no callo ni lo recuerdo. Quemo el fuego para no volver. Quemo el fuego para no volver. Tal vez no quiera mirarte como se miran mis cosas. Y aunque no pueda salir afuera a ver las calles del tiempo, aunque no pueda salir a ver las calles del tiempo muerto...
- Cómo quisiera quemar mis cosas ! con la mirada mil mariposas
Hasta que el cielo pueda caerse de par en par entre los dientes. Hasta que el cielo pueda caerse desde allí.
- ¿Cómo se miran las sombras...?
-¿Cómo se puede seguir despué del cielo y de tu fín ? Sin manos ni más sin sombra sin suelo sin carne ni tiempo, seguirás.
-¿Cómo se puede seguir sin mirar?

Rio de sal

Inocente. Sigo sin saber, a través de que forma de la piel, como un río de sal desaparecerás. Hasta que descubra sólo, y ella brote entre mi ser. ¡Cosita del cielo, qué pena morar a tu sombra!: un refusilo entre los dedos, que agarraría si fuera un Dios.

Guitarra dímelo tu

¿Porque la noche es tan larga?
Se trata de los días. Piensa y escupe. De los días sentados. De los días sentidos. Decide pensar que los días son cortos. Que no sirven, que se achican. Decide cantarle a la noche con el silencio que parece dormirse solo. Se sorprende de la melodía. De las tonadas, de los cuentos. Se sorprende de la guitarra y de la longitud de la noche.
Y le canta a ella, que no lo deja dormir.
Y le pregunta a su otra amante, y le pide que se lo diga.
Buscando un rayo de luz.

miércoles, junio 16, 2010

Amplexo

            Una disimulada sílaba obtusa resonó desde los pastizales. Tras ella, dos pasos ligeros. Tras ellos,  una jauría de sentidos vinieron llegando. En el reverso de la cópula, el abrazo rozagante de dos verdes pedazos de tierra que afloraban cual verdín a pilas.
          A su llamado acudieron otros, saltantes copuladores del ocaso a buscar su hembra y amarla un rato, amarla por detrás, como aferrándose a su espalda. Reviente del anverso, desconocido el beso, imposible boca a boca.
         Se aferra ese pulgar de guante entre las ancas. Rezonga en tres corcheas de tambores de los sexos. Ambiguo ritual risueño, el instintivo amplexo.

lunes, junio 14, 2010

Las aventuras del otro




El otro está suelto.

A veces se cree que puede con su genio y devora soledades como quien escupe  un silencio con la garganta emplumanda. Sigue solo porque nadie le dice nada, ni el escritor que le escribe los guiones, ni la mamá que lo parió, ni el perro que le ladra. Nadie le dice ni lo que tiene que hacer ni lo que no.

El uno mira.

Rehace los ojos con fuerza

Y mira. Escarba aspectos humanos en las cenizas. Se rasca la barba vieja de juntar piojos. Dice dos palabras tiernas. No es un monstruo. Tiene las manos tan sinceras que esa virtud les dió nombre de mujer. Se rasca un ojo y hace fuerza para vernos, a nosotros, los tontos, atrás de un vidrio. Exquisitamente elije a uno de nosotros. Con un gesto. Imposible describirlo. Un solo gesto que esperamos por siglos, sentados atrás de la caverna.
Rehace los ojos con fuerza y el gesto se hace espera en un rapto de varios siglos. Dos siglos mas tarde, cierra un parpado, tarda el doble de tiempo para cerrar el otro. Se echa una siesta de la duración de cuatro universos, el viejo.
A mi no me eligieron.
Tengo que esperar.
A que me toque.
El turno.
Eterno.
-¿Y cuando te toque?
Lo mismo. Esperar que otro me elija.
Tardé un rato pero me desperté. Con la camisa húmeda, sintiendo el frío de la vida eterna entre los huesos.
-Menos mal que no me tocó ser el viejo- Pensé.
Dos siglos mas tarde cerré un párpado, y tarde el doble para cerrar el otro.
Rehice los ojos con fuerzé y mire los números atrás del silencio.
Treintayochogrados.
 

La ventana sin pasado


"Porque ese cielo azul que todos vemos no es cielo ni es azul,
lástima grande que no sea verdad tanta belleza"

(extracto del tango Maquillaje, Virgilio Expósito)



Las dos últimas veces que recuerdo haber mirado a través de aquella ventana, aquel pequeño pedazo de cielo al costado de la cama, casualmente no puedo asegurar que fue lo que ví a través de ese vidrio. Tengo la inentendible sensación de tener que sí o sí rellenar ese recuerdo con el recuerdo mas probable, con el recuerdo mas verídico. Pero no, no me animo a hacerlo. Se trata solamente de una ventana, probablemente aquella primera conexión con la calle allá afuera de mi habitación cuando era pequeño. Probablemente el objeto que mas haya contemplado en toda mi vida, con los ojos fijos, inmerso en algún pensamiento en durante las horas de estudio durante la adolescencia.

Prosa sin Forma (III)

Será la única de las veces que te rías de algo así. No pienses que las dos mitades de tu cordura penden de un hilo. La una, errática; laguna de cielos místicos, te lleva a creerte en cualquier mirada, que un espejo sos vos. La otra, solvente; envolvente siniestra de la seguridad misma, te lleva a imaginarte en un cuerpo de animal herido, envoltorio de caramelos masticados, dorado en el pecho.

Prosa sin Forma (II)

Testigo sólido. Antes que nada, sólo una piedra. Después del agua, el pedregullo y el verdín. Un pie te pisa y se resbala en un acto de arrojo. Revierte la maravilla de sostener a otras con su barriga, y se orina la sonrisa entre una marioneta y otra. A lo mejor es cuestión de arrojar la última y no la primera. Hasta que se cansen y se caigan al piso todas juntas, visionarias eternas de mil novescientas repulsas, pricineras ancestrales de los intactos mundos inhabitables. Si ese cuerpo fuera de ellas, las únicas excusas detrás de la mirada serían que cualquier expresión estaría cubierta de verdín.
Sospecho que de estar ahi tanto tiempo alguna sabiduría han de haber tenido. No en vano son elegidas ellas, por preciosas o por toscas, como mensajeras eternas del amor y del odio. Para el primero, las preciosas lustradas y heridas de muerte, artificiales de hermosas puntas son colgadas o llevadas en anillos que tratarán de no caerse. Las toscas, rudas, aristas graníticas serán arrojadas en señal de guerra.

Prosa sin Forma (I)

Se nutre el desvelo de un pasado velado por un millón de soles negros bien negros de tanta luz que escupen. Anda misterioso entre las catedrales sin mas entrega que la de creerse benefactor de cuanta magia le pueda ocurrir. Hurga en tres tiempos los mismos rituales que siempre añora. Descubre que escucha con ojos de oso a punto de parir. Se le ocurre que quizás algún día el resplandor de tanta estrella puta, lo venga a salvar de las palabras que tanto lo acogotan. Hierve en dos pócimas hirientes la pata del olvido. Una la que se toma, la otra la que se huele. Como cuchillada por la vena heroica de creerse menos. Residuo ameno de cuatro aventurillas, sospecha sobria de tres pesadillas. Se acumula entre los dedos el despliegue risueño de una bofetada y acude a su grito, fugaz y todo, una cruel serenata.
Sacude la melena hasta que descoloca su cuello y todo ese sostén por el atlas de su espina dorsal, resulta un balancín estrábico o un péndulo errático.
Ni bien el rítmo entra en su cuerpo de medusa ingrata, sólo una pata le tiembla por entre los dientes. Y rechina la pared que lo contiene, y se engrosa ese martirio blanco, y retiene esos humores cálidos por dos gotas locas de licor del vientre.
Se acomoda en su butaca y muerde el resto como si fuera suyo. Detras del mar, una flor. Dentro del viento, el viejo polen. Quizas un cuerpo valga tanto como para serlo. Quizas se te vuele una noche de estas, desvelando la risa atrás de cualquier boca.

domingo, junio 13, 2010

Fantásticamente Humano.

Lo relataba mi abuela y mi abuelo. Aquella historia eran muchas, pero para mí, que era un niño, era una sola. Las historias de sus vidas, esparcidas entre trapos de limpiar y entre periódicos antiguos brotaban como gotas de rocío entre mis ojos sin asombro. Reía como se reía la hiena boba antes de que le achuren el esternón entre las tripas rojas. Saltaba entre los ojos de yegua calma mientras las palabras de los tios cruzaban la habitación repleta de familiares.
Era navidad del año 53.

sábado, junio 12, 2010

Remo en remera remansos con ramas rojas

Rama sin sombra detiene su grito antes que el hacha le clave en cuclillas las hojas metálicas de carne de acero ensangrentata y fría la misma que el cielo de otoño refleja una tarde que Luis y los padres se fueron a casa del tío a buscar cosas viejas que habían guardado en estantes profundos y en lugares oscuros que recuerdan infancias de oleajes y ramas de eternos remansos al borde de ríos que reman con ramas cortadas a mano con hachas y sangran sus manos remeras

jueves, junio 10, 2010

El último whisky

-Hasta luego- suspiró jocoso. Después bebió el culito de vaso que le quedaba en el fondo del escocés, sacudió los hielos, inhaló profundamente el olor etìlico dulzón que emana su copa y se confundiò enbtre la muchedumbre que visitaba a esas horas el bar de la calle Humahuaca.
El último en verlo sonreír fue el pibe que estaba detras del bar sirviendo las copas y despachando clientes.
La penúltima lágrima tenìa olor a whisky. La última gusto a sangre.
Los suicidas tienen un extraño sentido del humor.