martes, junio 29, 2010

¿Quien te quita lo bailado?

A la memoria de Don José Saramago,
que en paz descanse

"Si las copas traen consuelo,
aqui voy con mi desvelo para ahogarlas de una vez"



Si arrepentirse es darse cuenta que el cielo que miraste al pensar todo lo que pensaste luego que esa lluvia de vidrios te mojo la piel interior, no es al fin y al cabo el mismo cielo que ahora escupís con ternura en el rostro, porque ya no te quema las pieles, entonces descubrir que has hecho lo correcto es esa penumbra que te ilumina cuando esa noche pasa y el día nuevo viene, y todo lo que escupe el cielo es lo que te hace darte cuenta que no vale la pena arrepentirte de quedarte sólo un rato mas esperando que el amanecer amanezca y el anochecer anochezca, porque a fin de cuentas la única diferencia entre crecer y no crecer es avivarse de que esa lluvia de vidrios se llama dolor, que esa piel interior es la única que tenemos y que esa penumbra es el amor por los que amás. Ni bien te des cuenta de eso, quizas te arrepientas de haber vivido. Pero ya no vale la pena, porque ya no sos lo mismo, ahora sos el vidrio que le corta la piel a otros tantos, que lejos de arrepentirse, te agradecen que les cuentes a tu manera, de ese cielo, de esa piel y de ese amor. Tengo miedo, mucho miedo de ser de vidrio. Tengo pánico de ser de piel, y ni te cuento de ser esa penumbra, porque no hay luz que la alumbre ni vidrio que la contega, ni piel que la proyecte. Orbita quieta y sola, esa penumbra con olor a rocío, con textura de lluvia y aliento a muerte, para que cuando te ilumines, sepas que tarde o temprano, no habrá luz que la pueda generar. Estarás bien muerto entonces, bien muerto con la exacta certeza de que no podes arrepentirte de nada, porque no hay mejor oscuridad que la de un sin sombra ¿Quién te quitará la penumbra?

domingo, junio 27, 2010

Muerte III

"no habrá ninguna igual,
no habrá ninguna"



Se descalza los zapatos detrás del biombo de madera antes de acostarse. Se desprende la blusa azul de un santiamén y en el lapso de otro, ya tiene puesto su atuendo de dormir. Un camisón negro que le cubre desde los tobillos hasta el flaco rostro pálido e iluminado, que le retiene la cabellera negra. Se acurruca al rededor de unas cobijas malolientes de tantos días sin aseo. Espera. Ella ya viene. Le besará la frente como ninguna antes lo ha hecho. Le acariciará los pies helados. Y la abrasara, de brasas y sin brazos, en silencio. Hasta que todo calle.
Femenina. Aquella muerte seductora vendrá a besarla, como ninguna la ha besado.

sábado, junio 26, 2010

Con probar...

Con probar no pierdo nada. Se dice a si misma. Se miente. Un rubor azulado le sube por la cara blanca, pero no pálida. Se ata los cordones de las zapatillas en el medio de la acera y cerquita está la boca del metro. Se imagina tomando ese metro en la estación Callao y emergiendo en el Callao de antaño, o mejor aún contempla la posibilidad de luego de horas de vieje subterraneo, aparecer en Colonia, alemania.
En su mano lleva un mapa del universo mismo, se lo vendieron en el metro el otro dia. Quizás el último subte a rosario aún no haya pasado.
El problema de esas rutas es que las combinaciones son peligrosas. Piensa y se cree que es Verne en veintemilleguas al centrode la tierra. Yo no voy tan lejos se convence. Se peina la gris cabellera se acomoda los lentes cuenta hasta tres y baja por la escalera automática de esa boca.
Con perder no pruebo nada, se dice y se ríe. Del furcio, o no tanto.

Muerte II

No es el llanto el que me llega ahora que imagino todo cuando ha sido y no es. No es el desamor lo que trepa con cizaña y enrieda como rocío escarcha y hielo el sábado grisáceo de hace varios años. No se como pero con los ojos tibios recorro este momento. Grito en silencio, sin fuerzas, elaboro un plan maestro para no caerme en la pirueta. Pero las palabras que me digo no sobran ni faltan. Simplemente no hacen falta. No hacer falta no es para nada lo mismo que sobran o faltar. Si sobran, no es que no hagan falta. Si sobran, son indiferentes. Si faltan, se necesitan. Si no hacen falta, es tibio. Estando sobran y molestan. Faltando Faltan y devoran.
Me callo entonces y sigo sufriendo esa vieja muerte que me vi venir hace unos años y que ahora, en este mismo instante ocurre.

Muerte I

El cuerpo sin vida. Imagen pura de un deshielo atroz, sonrió desde la nada. Desde la misma nada sonríe un cuerpo muerto, que no es lo mismo que un cadaver. La cara blanca resplandeciente de uno que recién acaba de dejar su óbolo al mismo Hermes y que recién ha naufragado como balsero del Hades. Me sonríe el cuerpo del otro lado del vidrio. Me sonríe a mi mismo que no tengo nada de que reirme. No: No soy un degollado. Aca el muerto no se ríe del degollado. Acá no hay un muerto, hay un cuerpo muerto. Leer estas palabras, las últimas que el me dijo que transcribiera, es entrar de a poco en su terreno, de a poco en su oscuridad que encandila. La palabra se queda quieta en ese rincón oscuro del silencio. Se queda fría helada, la palabra duele por eso hago silencio. Y si la palabra duele es porque hay un cuerpo que ya no quiere sentir nada. Nada. Yo no lo entiendo. Solo transmito de a poco y casi telegráficamente sus palabras. Las que el me dijo.
No lo enttiendo, pero las ganas de llorar me vienen igual. Me pregunto si abrazar a un muerto es abrazar a algo o a alguien. Pero repito. El no es un muerto. El es un cuerpo muerto, que no es lo mismo. Pero sonríe. Lo abrazo y sonríe. Me lo imagino. Tanto repetí estas palabras que me lo imagino. El, lo ha visto. Yo no. Yo no entiendo. Solo soy un escriba, el medio por el cual sus palabras van y vienen.
No lo entiendo. No entiendo nada pero repito, como un lorito, asi me acostumbro. El sabe de estas cosas. El quemacuerpos con los ojos tristes, mataganado y perdido con un destello de dedos calmos. El es la misma bestia que ahora, está muerta y mira tras del vidrio.
No. No es vitrina. No es un bestiario de sueños descangayados o un zoológico de almas en pena. Es la vieja y querida muerte que nos va matando de a poco a todos.
Si no queres que entre en tu vino, no sigas leyendo.
Ni te preocupes por mi.
Yo ya estoy muerto.