jueves, junio 17, 2010

Sin mirar

- ¿Cómo mirarlo?
 Fue un bello sueño. Tal vez no callo ni lo recuerdo. Quemo el fuego para no volver. Quemo el fuego para no volver. Tal vez no quiera mirarte como se miran mis cosas. Y aunque no pueda salir afuera a ver las calles del tiempo, aunque no pueda salir a ver las calles del tiempo muerto...
- Cómo quisiera quemar mis cosas ! con la mirada mil mariposas
Hasta que el cielo pueda caerse de par en par entre los dientes. Hasta que el cielo pueda caerse desde allí.
- ¿Cómo se miran las sombras...?
-¿Cómo se puede seguir despué del cielo y de tu fín ? Sin manos ni más sin sombra sin suelo sin carne ni tiempo, seguirás.
-¿Cómo se puede seguir sin mirar?

Rio de sal

Inocente. Sigo sin saber, a través de que forma de la piel, como un río de sal desaparecerás. Hasta que descubra sólo, y ella brote entre mi ser. ¡Cosita del cielo, qué pena morar a tu sombra!: un refusilo entre los dedos, que agarraría si fuera un Dios.

Guitarra dímelo tu

¿Porque la noche es tan larga?
Se trata de los días. Piensa y escupe. De los días sentados. De los días sentidos. Decide pensar que los días son cortos. Que no sirven, que se achican. Decide cantarle a la noche con el silencio que parece dormirse solo. Se sorprende de la melodía. De las tonadas, de los cuentos. Se sorprende de la guitarra y de la longitud de la noche.
Y le canta a ella, que no lo deja dormir.
Y le pregunta a su otra amante, y le pide que se lo diga.
Buscando un rayo de luz.

miércoles, junio 16, 2010

Amplexo

            Una disimulada sílaba obtusa resonó desde los pastizales. Tras ella, dos pasos ligeros. Tras ellos,  una jauría de sentidos vinieron llegando. En el reverso de la cópula, el abrazo rozagante de dos verdes pedazos de tierra que afloraban cual verdín a pilas.
          A su llamado acudieron otros, saltantes copuladores del ocaso a buscar su hembra y amarla un rato, amarla por detrás, como aferrándose a su espalda. Reviente del anverso, desconocido el beso, imposible boca a boca.
         Se aferra ese pulgar de guante entre las ancas. Rezonga en tres corcheas de tambores de los sexos. Ambiguo ritual risueño, el instintivo amplexo.

lunes, junio 14, 2010

Las aventuras del otro




El otro está suelto.

A veces se cree que puede con su genio y devora soledades como quien escupe  un silencio con la garganta emplumanda. Sigue solo porque nadie le dice nada, ni el escritor que le escribe los guiones, ni la mamá que lo parió, ni el perro que le ladra. Nadie le dice ni lo que tiene que hacer ni lo que no.

El uno mira.