miércoles, abril 26, 2006

dos.palabras rotas

No me rompo. Algo en mi se rompe pero yo no. No soy yo el que ese rompe. No soy yo el que se enrosca como una varillametálida alrededor de una estructura vegetal con textura de corteza, en el medio de la esquina, después del desbarranco. Lamentablemente una vez mas no soy yo el que choca. Algo en mi choca, pero yo no choco. No soy yo el que se quiebra. Son todas mis partes las que chocan, o muchas de ellas, son muchas las que se rompen, pocas las que resultan ilesas. Ni siquiera me gusta creer qu conduzco el auto que veo estrellarse una vez mas en la negrura de la noche cuando tengo que llegar a cuenta de que la verdad no es la que yo quiero y que mucho menos es la que quiero contar. Por eso no choco, por eso no conduzco, por eso no rompo.
Sin embargo no puedo dejar de olvidar que no resulto ileso tampoco, me rompo a medias, me parto en partes, me quiebro un poco todo.
Lamentablemtente me siento irrompible.

domingo, marzo 26, 2006

palabras.uno

Retomo un texto viejo. Decido no darle más forma que la que la música me deja darle. Trozo de pan entre los labios con lágrimas. Sal eterna y mágica. Retomo el texto y lo
uso para despedirme, por un rato, para hacer de cuenta, para
contar el acto, para deshacer la cuenta para contar el hecho que no hay
texto mas dulce que el sielencio de una lágrima nuestra. La sensación es la de naufragio, naufragio de a varios, sin barco, sin mar, sin cielo raso, sin Mirta, sin sombra, sin vos. Sin luces de colores en la lejania.

jueves, marzo 02, 2006

tres gritos para un solo de cuero

Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé
de "Canto Negro", Nicolás Guillén.
Duelen las manos. Más, aún mas duele el parche. No se bien que cuero es el que le pega a quien, todavía no se si la música sale por detras de mis oídos o si sólamente la tengo en mi mente. Duelen porque hay un canto que no esta dicho, hay una estrofa callada. Duelen porque pegan donde no duele, y al único que le duele es al que pega, porque la palma del parche arde talvez mas que la palma de la mano. ¿Alguien le preguntó al parche si le duele o no? Alguien sabe de ese dolor.
Al parche le dolió todo de una vez cualdo ese animal gritó todos los gritos juntos por última vez. ¿Quién dijo que el cuero ese esta muerto? El dolor del aln imal lo siente ahora esa mano, de a poco, hasta darse cuenta que lo que duele no es la mano, que el dolor está en otro lado.

martes, enero 31, 2006

Despertando Ciudades


Tal vez en un rato amanezca en esa ciudad, pensó. Miraba una ventana que daba al patio que daba a una ligustrina que daba al patio de otra casa. Se le ocurrió pensar que hoy no habría amanecer posible en esa ciudad. Al instante un ruido lo despabiló, lo devolvió a la realidad y se percató de que se había empañado levemente el vidrio de la ventana. El ruido venia de la cocina, ese lugar pequeño pero cálido de la casa donde habitaba durante largas horas del día esa persona que había dejado de ser hace tiempo su mujer. Él la adoraba, es cierto, lo decía. Lo decía en público, en las reuniones, se lo decía a sus amigos con los que compartía algunos whiskeys, se lo decía a su almohada, pero no se lo decía a quien debía decírselo. Mara estaba terminando de lavar la vajilla que hasta hacía un rato había estado sobre la mesa, bajo la comida, que ahora estaba desparramada por sendos estómagos, razón de sobra por la que a ambos se le cerraban los ojos y les agarraba modorra.
No hace falta soñar en este amanecer que no existirá para darme cuenta que en cuanto el sol salga por el este, detrás de los cerros, detrás de todos los cerros, será devorado casi sin asco por una piara hambrienta que duerme bajo el pedregullo. Se ve que la abundante comida le trae estas ideas. Y mientras se duerme junto a la ventana empañada se le ocurre pensar que si en esa ciudad (su ciudad, como él la llama) no amanece, entonces no amanecerá en ninguna, ya que ese sol es único.
Mara se empezó a dar cuenta de su fiebre cuando empezó a escucharle decir palabras que no se le entendían, balbuceaba frases en las que el vocablo ciudad era deformado de forma tal que atravesar todos los estadios de la evolución de la palabra. Como si cambiar la palabra modificara lo que el quiere decir al nombrarla, como si mutar la palabra matara a quien la nombra.
Nunca más amaneció en su ciudad.


martes, enero 17, 2006

Detrás



No logro imaginar del todo que hay detrás de aquella pared. Gris como una roca, inmóvil como el hierro, firme como un ábol, inalcanzable como una montaña, temible como la noche. Sin embargo a veces puedo imaginarme qué cosas me pierdo por no poder atravesar el muro, porque si los temores son imágenes que se me vienen con el muro, entonces lo que ese muro esconde, son las cosas que se escondo tras los miedos. Quizás por eso no logro imaginar que hay detrás, de ella.