martes, noviembre 01, 2011
Los peores
En un exceso de furia, Rosa dejó el ramo que llevaba en su mano justo encima de la mesa. Los pétalos reverberaron prístinos contra el vidrio, relamiéndose en un tintineo que duró un segundo o menos. Después el chasquido del papel del envoltorio rellenó el silencio con la leve sensación de que el ramo se había deshojado todo y que retazos de flores se habían desparramado por el piso. Rosa no las vió caer, pero supo que allí estaban, y sin siquiera mirar hacia abajo les pasó por encima con sus zapatitos. Se mantuvo en silencio hasta que llegó a la puerta del baño y la detuvo su imagen en el espejo del botuquín. La encontró una lágrima antes que el llanto. Se vio llorando sola sin sollozo. No lloraba, lagrimeaba mas bien con la cara firme y un rictus de hormigon desarmado. Necesitó las flores para darse cuenta que tenía que pisarlas, necesecitó su cara para darse cuenta que se desarmaba en llanto. Así intuía que las próximas horas las pasaría acurrucada en la cama de dos plazas con lagrimas de almohada y llantos de sábanas frías. La furia había quedado lejana, se la había sacado a la altura del perchero, como quien cuelga un abrigo. Había sido el peor día de su vida. Y tenía que festejarlo.
martes, octubre 11, 2011
lunes, octubre 03, 2011
Naranjo sin flor
A unos pasos de su cara, descansa un arbol de naranjos; allá donde un pequeño arroyo baja y vibra, recortando al paisaje en dos mitades, está su rancho de hace años; que fue suyo y de su padre y del padre de su padre. Desde lejos, una verde mata de arboles enormes definen un monte, allí como aquí, la tierra retiene un cacho a la sombra, y la hace suya, alli como aquí, se huele el compas del viento, que se mete bajo el frondoso recorrido del monte. Allí como aquí, hay otros ranchos. Allí como aquí hubo padres de sus padres que a la sombra de soles miraron al horizonte.
sábado, mayo 28, 2011
El cielo claro de horas de la tarde remolonéa sobre su pelo gris. Lleva puestas sobre sus narices unas gafas oscuras de marcos anchos. Los haces de luz rebotan por el aire y pegan giros inesperados hacia sus ojos escondidos tras el vidrio. Los días buenos tras los rayos opacos en el vidrio guardan el recuerdo de las sombras sobre el recuerdo.
lunes, mayo 02, 2011
Marionetas I
Hacia los costados de vuelta una marioneta helada y rancia desboca su mueca y se desparrama entre los objetos que la arropan en un baúl sediento de silencios. El rincón que le guarda respeto, le dá reparo a la luz de candiles eléctricos que cuelgan del techo, se regodean entre alambres y al finn van a dar luz a la cara nefasta de aquel muñeco que tiñe de recuerdos muertos mi infancia de niño convencido de soledades y repleto de altilllos. Son los veranos o los otoños las mismas imágenes que tengo entre las sienes, estaciones de soles por las tardes y de aliento a palmeras en los parques fuera de esta casa, ésta casa la que ahora veo irse sin que haya sido mía.
A través de los años fueron otros los que jugaron a jugar que eran otros, niños extraños y sin voz; y eran otras las marionetas que degustaban su teatro de vida envueltas en trapos y estolas de gargantas roncas. Allá abajo, por las noches, cuando los dueños de casa recibían visita no tenía yo mas remedio que ubicarme en la platea mas alta del teatro de mi vida para observarme una vez a mi mismo, a un espejo demacrado, poseyendo entre las manos los hilos de la marioneta que moría cada vez que la dejaba y moría también al ser tomada.
Moría de todas maneras, ella, aunque fueran otras expresiones que hilvanaban su rostro de telas y botones.
A través de los años fueron otros los que jugaron a jugar que eran otros, niños extraños y sin voz; y eran otras las marionetas que degustaban su teatro de vida envueltas en trapos y estolas de gargantas roncas. Allá abajo, por las noches, cuando los dueños de casa recibían visita no tenía yo mas remedio que ubicarme en la platea mas alta del teatro de mi vida para observarme una vez a mi mismo, a un espejo demacrado, poseyendo entre las manos los hilos de la marioneta que moría cada vez que la dejaba y moría también al ser tomada.
Moría de todas maneras, ella, aunque fueran otras expresiones que hilvanaban su rostro de telas y botones.
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