jueves, junio 09, 2005

Si pudiera ventanilla las horas. Un quizás hecho talvez ahora.
Un nunca que arrebata de gracioso y burla.
Si pudiera burla los días, dejarlos quietos, inmóviles.
Los dejaría a un lado ventanilla de la burla y miraría,
al nunca que se ha hecho tarde. Al nunca que se enrrolla

lunes, junio 06, 2005

París. 3 AM. Visperas del insomnio. Ventanita oscura. Ventarrón. Un matecocido medio hacerse y Ernesto que destiloa horas en un atanor llamado asombro, hastío. Hay un poco de viento al otro lado de la calle. Ernesto vacila. Se le ve en el rostro que vacila. El rostro de Ernesto no vacila nunca, salvo cuando...salvo cuando empieza a deseperarse y se le ve, se le nota a la legua. Lo podría ver cualquiera desde la punta sur del Pont des arts. Sin embargo el no lo nota. La pantalla que tiene enfrente le arroja una luz pálida en el rostro, casi tan blanca que llena de blanco el espacio que lo rodea. El claroscuro hace las veces de intermitencia cuando cliquea su mouse, abre y cierra, cierra y abre.
Ernesto no esta casado, más bien está cansado, está cansado de muchas cosas, y muchas mas de las que no tiene idea. Ya no es el cansancio físico el que lo agota. Cuando era mas joven solía ser mas vital, mas enérgico. Cierra los ojos y piensa un segundo. El reloj de la pantalla había arrojado las 3 y 5 cuando lo vio por última vez. Luego se arrojó al abismo tenue y baboso de los ojos cerrados, donde los manotazos no surten y tanto efecto como las proyecciones fílmicas de nuestra corteza visual. El velo negro que inicialmente le nubla la vista, lo somente invisiblemente a la búsqueda de una imagen, foto o cielo o mariposa fluorescente que aperece desde la retina o desde la persiana del alma, desde el telón o la pantalla. Un velo negro infinito que no se corre y que cae como cae los páropados y que si quiere llorar se hace mas negro, porque aprieta con fuerza los ojos desde las puntas de los párpados hasta las ojeras y todo se hace rollizo como un matambre. Del velo negro al llnto mas negro sobre una pantalla blanca y vacía.
Ernesto habre los ojos y cuenta hasta tres.

Jadeo de la bestia

Respiro sin asombro, una música lejana. Me niego a pensar por un
rato.Resfrío de un instrumento que escucho remoto, que desconozco.Desconozco el
luthier que lo ha diseñado, desconozco las horas interminables que ha pasado
enfrente de la bestia, acomodando sus cuerdas como quien afila los dientes,
templandolo como qujien amansa una fiera, trabajando maderas como quien rehace
los huesos. Desconozco el origen, la localidad, la geografía, las montañas o
valles que le han dado vida. Sin embargo si conozco la caja de resonancia de
toda esta cosa cacofónica de semidiós instrumentista, de guitarra tuerta, de
respiro de bestia, de seis cuerdas, jadeo.

Chamuchina

Chamuchina: Voz lunfarda que se utiliza en tangos y milongas para hacer referencia a gente insignificante, sin valor alguno. El origen de la voz es incierto. Algunos no tienen problema en decir que se utiliza o utilizó en toda América, con la acepción de "cosa de poco valor, populacho". En los tangos sin embargo encarna y adjetiva a gente de carne y hueso. Es posible que su origen se remonte (de manera muy incierta y lúdica) a los orígenes de la palabra chamuyar. Chamuyar en el lunfardo clásico puede encontrarse supliendo las funciones de la acción de hablar, conversar, aunque puede pasar por meter el perro, mentir, o tambien puede aparecer como una conversación de poco valor, insignificante o sin mucha importancia. Dicen los que saben que chamuyar viene del Caló "Chamullar", que significa coloquialmente, hablar o conversar. El chamuyo porteño de alguna manera aparece devaluado en la versión con y-griega de la palabr y es algo probable que desde chamuyo, se halla pasado a chamuyina, y finalemente a la voz Chamuchina, ya mas conocida.

"Tristeza de chamuchina que jamas te olvidará"