domingo, junio 05, 2005

marra

Arrimar un mar arrimado, sin rima ni rama, ni sal.
Arrimarlo con el canto del borde de tu boca, sin prisa ni cama, ni sal.
Arrimarlo un rato con el dedo, con el deseo, lo normal.
Arrimarlo al viento que es su viajero, su mensajero, su gran juglar.
Arrimar tu rima que no es tu mar ni es tu amorío,
a ritmo frío, arritmia igual.
Arrimarlo hasta que bebas de ese río, mi desafío, mi talismán.
Arrimarlo e irlo sintiendo mío, ya ni sombrío, ya no de atar.
Arrimarlo hasta la amarra farra, hasta la maga sarna
hasta que amaga mal.
Arrimarte el dedo amarra, armar la trama, nadar el mar.
Distancia sin silencio, tu nuevo grito.Un cuerpo al aire y dos brincos.

Una bronca en forma de calle, con asfalto incluido.
Bocinazo sin fraude. Semáforo roto, sin vicio.

Camino sin apuro, me separa un abismo del auto. Espero un rato.

Tu ya te has ido.

Un color no nace

Si hay un color que no nace, entonces el tiempo ha detenido sus enormes paráfrasis del cuerpo sobre mi cara, y me ha dicho entre otras atrociddes mundanas que el acromatismo de los árboles que nacen en la vigilia desesperada se encantan con el canto solo de la sorda vuelta a mirar aquellos espejos solo como espejos y no como imagenes repetidas de mi mismo, años y años guardando cicatrices de la burla y los paisajes.
Si hay un color que no nace, la guitarra en su llanura y su ruido y su tinte y su color a aguas solas, sabe de lo que hablo cuando los dedos no caminan sino que reptan por el engaño de saberse inútil en una atonalidad que no entiende la costumbre de escuchar la repeticion en los espejos ni en las sinceridades que nuestros ojos nos ofrendan cada mañana. Luego de ver de nuevo un color distinto al de los sueños.
Si no nace él con su temible alforja de los ojos enlutados, ni su vuelo fantasmal del ansia. Si es que la mitad de los latidos florecen en un ruido de virtudes solas. Nosotros habremos dejado de mirar las estrellas con la misma burla que Prometeo a sus tripas o que la distancia a los astros. Se le caían los ojos y las fauces de las lineas de los pasados, cuando uno de los aromas cotidianos del vicio, le apesadumbraba la rutina con la tremenda huella de aquellas horas. Huellas de lo que hay en una jarra en el centro de una mar antigua. Huellas que con la perfidia sólida y geronte de la caminata por los años, dejan de mirar con los arroyos de cristal endebles y ahora regodean de ira un poco de las horas que pàsan solas. A solas color. Si hay un ruido, aparecerá un espia sólo sin los rencores pávidos de los ecos, o arrimará con las vivaces auroras los encantos del temor. Y dirá con sus estrellas en los deditos agotados de asustar estrofas, que la sola mirada al infinito basta para entretener los estrépitos o las inefables quietudes de los colores, cromos, cronos. Y al fin sera un dueño cansado de facetas solas la melodía que de colores nada sabe, pero que frecuenta las alcantarillas de las bocas mansas para dejarles algo de lo que nunca se piensa. De aquellos bares con forma de encaprichado voiture de pequeñas muertes, aparecerán los mitos con fantasmas y todos.

Hay ruidos para decir enojos y hay epifanías para pasar el rato. Y si la sinécdote de las formas a lo largo de los años no es mentira, aquella vida donde el color no se ríe ni con el martirio, ni con la letanía. Es una de esas mentiras que no conoce el misterio de la falacia ni de la estirpe a troche y moche, pues no hay encanto en un algo de esto que por todo sehace un poco, y no sabe de la verdad de que lo poco no detiene ni enmaraña, más bien se agarra de los ojos para alertar la pausa de una historia que si se repite, es por costumbre y no por intriga.

El todo de las lineas que se miran solas cuando se escucha o se piensa en un rio o en una manta que abriga al aire, no es un todo ficticio, no es una corazonada de el pulso que aparece entre la ritmica, no es nisiquieraun cuchillo que corta al aire con el soplido de una flauta. Es una de esas ideas recurrentes que se suman al pasado como solemnes cachitos de memoria que te pululan. Es una heterodoxa mezcolanza atroz de risas y grafito etéreo.

Lcg 2003

Coincidencia

Ella se dejaba caer por las escaleras, se deslizaba con su cara exquisita, peldaño a peldaño. Uno tras otro, cayendo. Temía por ella, temía mientras la soñaba desnuda. Imaginó un mar repleto de gente bañandose, imaginó una playa enorme con gente tirada al sol, con gente tirada a la luna. Sabía que tarde o temprano la vería a ella caminando por las calles de su barrio. La vería salir de su casita de la esquina con su jean y su camisa, con su carpeta en la mano, con una mochilita pequeña tras la espalda. La vería doblando su esquina, una y otra vez como todo lunes por la mañana.
Nunca se preguntó por su nombre, sólo veía una muchacha caminar por esas calles de vez en cuando y sabía que se trataba de ella, lo intuía. Podía olerla, no hacía falta que le contaran que la muchacha de mirada triste caminaba por su barrio.
No hacía falta que le dijeran nada, ni que le mintieran sobre su paradero. Nunca le habló, nunca le dijo ni hola. Él la miraba desde su ventana ni bien se levantaba de su cama, en su carto que daba a una ventana. Nunca se puso a pensar que sería de ella mañana, siempre supuso que pasaría una vez más por aquella ventana con su carpeta y su pelo húmedo.
Se levantó una mañana como todas (casi), pensando en lo que haría durante esa mañana en el trabajo, por la tarde saldría a caminar una vez más por aquel parque que siempre lo abrigaba, miró por la ventana y no la vió pasar. Esperó un rato y nadie aparecía por esa ventana. Se fué a duchar y se quedó pensando que ese día no era como lo otros.
Imagen: aquellos tres o cuatro años que habían pasado juntos en una sola foto. Abrir la canilla y lavarse la cara mientras se escucha su voz. Su viejo tocando el piano en la sala de la casa de sus viejos un domingo a la tarde. Su vieja cocinando algo para la noche.
Nadie le mintió sobre ella, simplemente ella no vendría. La realidad de tenerla a él lo asusta, pero no puede dejar de verla. No puede dejar de nadar en ese mar vacío, en ese mar seco. No puede dejar de creer que él ya no tiene nada. Tiene la casa que los padres le dejaron, tiene la ventana por donde mira a la mañana.
Tiene un mate que está frio, un perro que no ladra, una soledad que espera. Tiene la imagen de miles de horas de no saber para donde correr y de no correr. Tiene la imagen de muchos años triste. Un reloj le dice que van a ser las dos de la tarde. Que es otro domingo, que se ha quedado sólo en su casa. Y mira para atras y no ve nada, y mira para adelante y no ve nada.

Se desliza por las escaleras una mañana de invierno, baja rápido, se le hace tarde. Se da cuenta que no puede encontrarse con su vida, se da cuenta que no maneja la vida que tiene. Nada nuevo, a todos les pasa. No la ve caminar por su calle. Parece no importarle. Parece no querer saber que tiene de nuevo su día.

miércoles, junio 01, 2005

He dicho varias veces que el sólo recuerdo
de su rostro pequeño detras de un vidrio
o su mano pequeña de pequeño cerdo
dan como resultado la imagen del niño.

Lo he dicho y no he refutado,
ni una ni mil veces que el niño no
ha los caminos propios derrotado
como los derrota su propio destino.

Tambien he dicho que es sólo
una imagen la que me mueve
como tren de carga leve
que flota mientras afloro.